Daniele Grasso

periodista de datos en El Confidencial
@danielegrasso
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“Buscamos cambios a nivel legislativo que tengan impacto real sobre la vida de la gente”

Hablamos con Daniele Grasso por teléfono, una entrevista casi a bocajarro y para la que no necesita prepararse porque sabe de sobra de lo que hablamos. Periodismo de datos, los hechos puestos en negro sobre blanco en una época en la que los hechos importan quizá menos que nunca. ¿O quizá no? El caso es que este licenciado en filología española, milanés y millenial, analiza en pocas palabras y con aplomo de sabio antiguo, la situación actual del periodismo, también del periodismo de datos, y nos explica por qué nos gusta más una tertulia que comer con los dedos.

  • Como profesional del periodismo de datos, ¿cuál es su opinión sobre la postverdad, eso que ahora las audiencias parecen preferir frente a la verdad de los hechos? 

Lo importante de que se esté hablando de postverdad es que ahora tenemos la necesidad de poner límites al problema, porque hasta ahora no teníamos un marco de referencia, aunque se lleva décadas hablando de postverdad. Algo tan sencillo como que las tertulias de fútbol basan su éxito no en los datos, ni en los hechos, sino en opiniones, y tienen máxima audiencia pese a estar basadas en la nada más absoluta. A partir de este ejemplo tenemos luego casos más complejos como las campañas electorales. En Italia un candidato ganó las elecciones diciendo que el suyo era el partido del amor.

  • En el fútbol puede parecer anecdótico pero la postverdad en política sí tiene consecuencias reales para todos nosotros. ¿Nos preocupa más por eso? 

Ahora enfocamos el tema con la política, pero este fenómeno siempre estuvo ahí. La audiencia se engancha a ese tipo de debates, se ha acostumbrado ya a eso. Las tertulias políticas obedecen a ese mismo formato, y funciona en esos temas como funciona con las noticias del corazón.

  • ¿Cuál cree que es el secreto de ese éxito?

Funcionan porque hay opiniones con las que estamos en desacuerdo y nos gusta ver algo así para descargar ahí nuestras frustraciones diarias. Eduardo Inda en La Sexta es un ejemplo: la audiencia de La Sexta es supuestamente de izquierda, y su tertuliano de mayor audiencia es Inda, para el que la etiqueta de derechas se le queda corta. La verdad frente a eso es aburrida. Es muy poco debatible, controvertible. Si yo voy a una tertulia y expongo datos, tú que estás en contra me rebatirás con opiniones. Y así es el ciudadano común, que rechaza los datos que desmontan su visión de la realidad. Piensan que los datos son falsos y los rebaten con opiniones.

En ese ecosistema, ¿a qué aspira el periodismo de datos? ¿Le resulta frustrante un panorama en el que los datos se rebaten con opiniones infundadas?

El periodismo de datos trabaja con grandes cantidades de datos, desde encontrar el dato que nadie ha visto en la EPA, hasta organizar las miles de propiedades de un despacho de Panamá y construir la historia de la evasión de capitales. O simplemente para encontrar unas tendencias y explicarlas a través de un trabajo periodístico. Ese es el abanico. Y en absoluto es frustrante, porque sirve para aportar luz donde no la hay.

  • Pero si las audiencias prefieren escuchar opiniones, y no precisamente porque vayan a cuestionarse la suya, ¿cuál es el objetivo del periodismo de datos?

Nuestro objetivo es ir de lo pequeño o lo grande para lograr que cambie algo a nivel legislativo. Cuando trabajas en periodismo de datos, intentas que ese sea el impacto real sobre la vida de la gente, el cambio legislativo. No es tanto que cambien de opinión, como que, por ejemplo, la OCDE cambie la normativa sobre el secreto bancario como ocurrió tras los papeles de Panamá. Eso sucede una vez cada diez años con suerte, pero es el faro que nos debe guiar. Dicho lo cual también es cierto que cuando trabajas con datos de mucho impacto, es posible que eso genere al menos un cierto debate y eso es un tanto que hay que apuntarse: has dado instrumentos a la sociedad para que el debate se produzca de forma sana.

  • Ahora estamos en una época en que los cambios se suceden de manera vertiginosa, ¿se atreve a indicar por dónde vendrá el futuro de este género periodístico?

En los últimos años, con cuestiones como los papeles de Panamá o de Luxemburgo, estamos muy orgullosos del efecto conseguido, y por esos trabajos hemos visto que una de las tendencias claramente es el trabajo colaborativo. La cooperación entre comunidades de periodistas está dando grandes frutos. Pero también creo que habrá que intensificar la cooperación entre periodistas y otros perfiles como programadores, desarrolladores, analistas de datos y data scientists, una realidad que se está imponiendo ya.
Lo que sí tengo claro es que el mito del periodista orquesta o multitask se viene abajo: es una mentira que inventaron los editores para ahorrar costes. Puedes saber un poco, pero trabajar en esto exige especialización. Y la verdad, la prefiero.