Tamara Crespo & Fidel Raso

Periodistas y libreros
@tamaracrespoper

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“El periodismo es democracia y, como democracia, será lo que el pueblo quiera”

Dos periodistas de raza deciden dejar el periodismo (¿es eso posible?) y poner una librería de periodismo y viajes en Urueña (Valladolid), Villa del libro. Son Tamara Crespo y Fidel Raso, a los que hemos propuesto hablar sobre el periodismo, su futuro y lo que debe permanecer para que, traiga lo que traiga la tecnología, no deje de ser en esencia periodismo. Hablan por WhatsApp para Perspectivas.

Tamara: Hola.

Fidel: Hola

Wellcomm: Hablemos de Periodismo. Algo de lo que no hemos hablado nunca, ¡jaja! La revista de la Universidad de Valladolid InformaUVA publica hoy una entrevista contigo en la que destacan como titular una frase tuya que dice: «El buen periodismo siempre es incómodo». Eso no debería haber cambiado, ¿no?

F: En líneas generales es así, pero volvemos a partir de algo que damos por entendido y conviene aclarar: ¿Qué es periodismo? El que yo entiendo se ajusta a lo anunciado anteriormente, pero… ¿otros entienden la palabra periodismo como yo?

T: Cuestión de partida. Hay unos principios básicos que han tratado de enseñarnos a todos los periodistas en las facultades y que yo creo que son importantes, aunque en un mundo tan cambiante como el nuestro, que tanto y tan rápido se ha transformado en tan poco tiempo, parecen «caducos». Es la «modernidad líquida» de la que habla Bauman. En esta vorágine, cada día se acuñan términos nuevos, no sé si eso es lo que se enseña ahora: Big Data, blockchain (muchos, directamente en inglés, para despistarnos aún más), postverdad… Pero la mayoría se refieren a la tecnología, a la herramienta. En esencia, el periodismo es contar cosas interesantes y contrastadas, cosas que alguien suele querer ocultar… De ahí lo de la «incomodidad». También puede ser incómodo porque sean cosas que muchos no quieran saber… Ah, y estar en el lugar donde se produce la noticia. Importante. El periodista ha de ser un intermediario, un testigo. Y ser responsable de lo que hace y honrado. Los periodistas tenemos una responsabilidad social muy grande.

F: En el periodismo confluyen medios muy dispares. Podría decirse que algunos incluso antagónicos. Pero todos los que trabajan en ello dirían que son «periodistas». Por lo tanto, si todos dicen que son periodistas y trabajan en medios muy diferentes por sus conceptos sobre lo que entiende cada uno por «información», o «noticia» tenemos una galaxia de actitudes diferentes. Entremos con cuidado.

T: Sí, claro, están los que se hacen periodistas para salir en la tele, hacer entrevistas a los políticos o, simplemente, para opinar… Los hemos conocido.

F: No hemos hecho más que empezar y ya estamos en el laberinto. Como en aquella escalera de la abadía, quizás la más siniestra del cine (Sacra di San Michele) de El Nombre de la Rosa. A veces creo que los periodistas podemos tener esa sensación de vértigo, de descolocación.

T: Creo que no es tan difícil, que el periodismo es algo muy definido y definible, algo identificable, ahora ya no a simple vista por ejemplo en el fotoperiodismo, porque la manipulación de imágenes es una tentación muy grande y muy fácil hoy en día, y todo ha de ser «espectacular», por encima de «real» o «verdadero». También pasa a la hora de escribir. El periodismo ha perdido credibilidad y eso ha sido su ruina.

F: Vaya. Salió «credibilidad». Interesante… Me vuelvo a situar en el origen. A nosotros, una referencia de las Ciencias Sociales que podemos cambiar el mundo (Periodismo) nos fallan las fórmulas. No las encontramos porque, entiéndase, las fórmulas que tenemos no funcionan. Sin desviarme mucho diría que envidio a Einstein cuando dijo eso de que «el tiempo depende, en realidad, del movimiento y la velocidad». Eso lo cambió todo. Pero en el periodismo nuestras variables siguen sin aclararnos nada: ¿Informar más rápido es bueno? ¿La exclusiva es de verdad una exclusiva? ¿La «verdad» es de verdad la verdad? El periodista ¿es periodista? El medio de comunicación ¿hace periodismo?

T: Sí, date cuenta de que he empleado los términos «real» y «verdadero». El debate sobre si se cuenta la verdad me aburre, decimos «verdad» como aproximación a la «realidad», evidentemente a la que nosotros, periodistas o no, percibimos. La objetividad no existe, pero existe la honradez a la hora de abordar un tema, hacerlo desde todos los puntos de vista posibles, tratando de apartar nuestros prejuicios. Sobre la inmediatez o la rapidez también creo que hay mucho ya dicho: informar antes no es informar mejor, y menos ahora, que se lanza todo al ciberespacio «en tiempo real», o sea, sin mediación ninguna no ya de expertos en un tema o en comunicación, sino sin pensar. Ahora llaman postverdad a algo que sigo pensando que es la mentira de toda la vida con otro nombre.

Y el medio no hace al periodista. De hecho, una de las cosas que peor llevo es eso de «biólogo y periodista» o «abogado y periodista» e incluso «escritor y periodista». La gente se define como «periodista» sólo por escribir o hablar en un medio de comunicación.

F: Ya, entiendo que nuestro «laboratorio» es un cachondeo. Un lugar en el que los periodistas hacemos de Jekyll y Mr. Hide para producir algún que otro Frankenstein. Mucha información tiene tantos trozos extraños… ajustados, que puede funcionar durante un tiempo como «cosa», pero que no es, ni más ni menos, que un producto aparente. Incluso genera lectores adictos a la «cosa».

T: Sí, ese es otro problema de nuestro tiempo, la comercialización de todo como «producto» incluida la información. Creo que tú conociste a algún editor que pensaba más en la información que en el negocio, pero de eso ya no hay. Ahora cuentan los «clicks» e «impactos» y todas esas mandangas, que no significan ningún impacto real. Titulares ligeros para ojear y «compartir» sin leer más allá. Y el «Big dig Data» sacando de eso conclusiones-

F: Pues algo así.

T: Y sí, el periodismo puede ser un Frankestein y, de hecho, ahora lo es más que nunca. Un monstruo indescifrable, hecho de pedazos de cuerpos viejos y tuercas nuevas. Pero sigue habiendo gente que tiene en la cabeza los rudimentos de lo que lo hace ser periodismo y no, insisto, opinión, ficción o… comunicación corporativa, utilizan las herramientas del periodismo para otros fines.

Por contestar a la pregunta de qué periodismo sobrevivirá dentro de diez años, tendría que decir que, dado el camino por el que vamos, ninguno. Pero aún tengo fe en que hay personas que quieren contar historias, estar en los lugares en los que suceden las cosas para contárnoslas a otros que no estamos allí y dispuestas a hacerlo con honradez. Cada vez es más difícil, pero no imposible. También creo que hay gente que quiere conocer y leer esas historias.

F: No quiero ponerme muy serio y me gusta desplazarme por ese camino que marca a la ironía como un «arma cargada de futuro». Dicho esto, recurro a ese pasaje bíblico en el que mientras Moisés rezaba, su pueblo lo que quería eran dioses que fueran delante de ellos (Becerro de oro). Pues ahora algo así puede estar sucediendo. El pueblo quiere líderes que hagan reflexionar, pensar, avanzar… o sencillamente lo único que quieren las grandes masas son líderes que se pongan delante de ellos. Con esta situación el periodismo tiene que hacer un enorme esfuerzo. Y deseo que sea así.

Wellcomm: ¿Seguirá siendo una profesión, o ganará totalmente la batalla el trabajo amateur, el «periodismo ciudadano», el periodismo como hobby? Porque no sé si seremos capaces de mantener el tipo en las actuales condiciones. Todo eso tiene medios de difusión enormes, y el buen periodismo también, dicen algunos, pero cada vez es más difícil distinguirse y distinguir el grano de la paja.

F: Uf, una gran pregunta. Pero el silencio no entra en el Whatsapp y me lo pones difícil. Voy a salir por la tangente: el periodismo es democracia y como democracia será lo que el pueblo quiera, es decir: a más democracia, mejor periodismo. A democracia de calidad, periodismo de calidad. Los periodistas pertenecen a la sociedad en la que viven, sea global o local. Las urnas marcan actitudes. ¿Creemos, de verdad, que no se persigue a periodistas en democracia? Si perfeccionamos las democracias para que sean lo que creemos que deben ser, tendremos un periodismo bueno y de calidad, sin duda.

Wellcomm: El tema de la persecución me lleva a otra pregunta planteada en este informe: ¿A qué retos se enfrenta el periodismo local, aquel más cercano y que ofrece al ciudadano más acceso a la verificación? Y me lleva, digo, porque los periodistas más perseguidos suelen ser los locales, los que más presión y más violencia soportan, hasta la cárcel y la muerte. Son los periodistas que informan en su entorno. Es un periodismo muy difícil y poco reconocido. Lo del «acceso a la verificación» es más difícil que se dé, salvo en casos de lo que se llama periodismo «hiperlocal», dirigido a comunidades muy pequeñas.

F: Dependerá de lo que he expuesto anteriormente. Tendremos diferentes niveles. Casi como la ley de la oferta y la demanda: buscan el equilibrio. Sociedades que demanden periodismo de calidad lo van a tener, sin duda.

Wellcomm: ¿Y dónde lo encontrarán en medio de esta sociedad de la «inteligencia artificial», en la que los algoritmos seleccionan nuestras supuestas preferencias e intereses hasta conformar una realidad paralela?

F: Ese es el desafío. De momento «la respuesta está en el viento» (Dylan) y mucho me temo que, además, se encuentra más allá de Orión (Blade Runner). Que la suerte nos acompañe.